Dispositivo impreso en 3D te avisa cuándo se te van acabando las cosas en la alacena

La Internet de las cosas cobra un nuevo significado con la tecnología desarrollada por investigadores de la Universidad de Washington: han logrado completar un método de impresión en 3D de sensores y objetos de plástico que pueden recopilar datos útiles y comunicarse por sí mismos con otros dispositivos conectados a WiFi.

 

Con los modelos CAD que el equipo pone a disposición del público, también los aficionados a la impresión tridimensional podrán crear objetos a partir de plásticos disponibles en el mercado que se puedan comunicar de forma inalámbrica con otros dispositivos inteligentes.

 

Imagina un frasco de detergente que cuando registra que está por acabarse formula una orden de compra a Amazon para renovar el stock; o un sensor de agua que envía una alarma a tu teléfono cuando detecta una fuga.

 

Para el coautor y estudiante de doctorado en ingeniería eléctrica de UW, Vikram Iyer, el gran desafío de este proyecto estribó en comunicar de forma inalámbrica con WiFi dos objetos usando solo plástico.

 

El sistema se describe en un documento presentado el 30 de noviembre en la Conferencia y Exhibición SIGGRAPH de la Asociación de Maquinaria Informática sobre Gráficos por Computadora y Técnicas Interactivas en Asia.

Para imprimir en 3-D objetos que pueden comunicarse con receptores WiFi comerciales, el equipo empleó técnicas de retrodispersión que permiten a los dispositivos intercambiar información. En este caso, el equipo reemplazó algunas funciones normalmente realizadas por componentes eléctricos con movimiento mecánico activado por resortes, engranajes, interruptores y otras partes que pueden imprimirse en 3-D, tomando prestados los principios que permiten que los relojes sin batería tengan tiempo. Estos sistemas utilizan una antena para transmitir datos al reflejar señales de radio emitidas por el router de WiFi u otro dispositivo. La información incrustada en esos patrones reflejados puede decodificarse mediante un receptor WiFi. En este caso, la antena está contenida en un objeto impreso tridimensional hecho de un filamento de impresión conductor que mezcla plástico con cobre.

A ello se suma un medidor de flujo, en el caso de botellas de líquidos, por ejemplo, que mediante engranajes va estimando la cantidad de fluido que abandona el recipiente en cada uso y convierte dicha información en una señal binaria sobre cuánto queda de detergente, jabón o aceite, por ejemplo. La energía de un muelle helicoidal impulsa el sistema de engranajes, y el ancho y el patrón de los dientes del engranaje controlan el tiempo que el interruptor de retrodispersión hace contacto con la antena, creando patrones de señales reflejadas que pueden decodificarse mediante un receptor WiFi.

La tecnología también tiene widgets de entrada WiFi tridimensionales como botones, perillas y controles deslizantes que se pueden personalizar para comunicarse con otros dispositivos inteligentes en el hogar.


Fuente: https://nmas1.org