Solidaridad en 3D

Hace poco más de un año, Gerónimo Cabrera era un joven de 18 años que recién terminaba el secundario en el colegio Barker de Banfield, y mientras se preparaba para iniciar su estudios de administración de empresas y comercio internacional en la UADE le hizo un singular pedido a su padre: que le comprara una impresora 3D.

Lo que parecía un simple deseo pasajero de un adolescente que quiere experimentar nuevas experiencias tecnológicas fue el inicio de una historia donde la solidaridad y el interés por ayudar a quienes tienen dificultades motrices se convirtieron en un ejemplo de que no es imposible acercar pequeñas soluciones que pueden transformar la vida de muchos.

Esta es la historia de Te Doy una Mano Solidaria, un emprendimiento voluntario que sus creadores, el mencionado Gerónimo (hoy con 19 años) y su papá Guillermo (58), fundador y administrador de una importante inmobiliaria en la ciudad de Banfield, fueron cimentando paso a paso hasta llegar a convertirse en una valiosa iniciativa que hasta el día de hoy permitió contar con manos fabricadas en impresoras 3D a más de 75 personas, la mayoría de ellas niños y niñas que carecen por distintos motivos de alguno de sus miembros.

Esta aventura solidaria - ya que todas las manos que diseñan se entregan en forma gratuita- comenzó el año pasado, cuando, según cuenta Gerónimo. “yo les pedí a mis viejos una impresora 3D para hacer Spinners, los famosos juguetes antiestrés que se pusieron de moda hace unos años”.

Al principio, a Guillermo la inversión le pareció muy cara para satisfacer el deseo de su hijo, pero ante su insistencia aceptó con una condición. “Me dijeron ‘comprala pero no dejés de estudiar y vas pagando el costo de a poco, con las ventas que hagas’.

Así, Gerónimo comenzó a diseñar los juguetes para venderlos. Estaba entusiasmado con su nueva actividad, y comenta que “es que estas impresoras hace 7 años atrás ni se conocían, pero de a poco se empezaron a utilizar en muchas áreas, desde medicina hasta construcción”

Fanático hincha de Banfield, como su padre, Gerónimo explica que “el modo de armar un objeto se inicia cuando elaborás un diseño en pantalla, con las medidas y la forma requeridas, de allí se da la orden a la impresora, que durante varias horas concreta esa impresión, a través de la materia prima que se emplea, PLA, un plástico de forma filamentosa, que va desarrollando el elemento diseñado, con la forma y el color que se necesiten”.

¿Pero cómo surgió la idea de las manos? Según cuenta Gerónimo, “un día estaba en mi cuarto, entra papá me dice que había visto en un documental de internet que se podían hacer manos como prótesis, para quienes les falte alguna. Yo no entendía lo que me decía, pero él me insistió en que investigara”.

Para Gerónimo fue todo un desafío, ya que “de hacer una pieza compacta a fabricar manos con antebrazo que requieren ensamblar como 40 piezas era complicado. De a poco fuimos practicando, y encontrándole la vuelta. Pero fue prueba y error, y logramos ver cómo hacer los enganches, darle flexibilidad a los “dedos”, encontrar el equilibrio en el peso e incluir velcro para el cierre y goma Eva para que el roce no resulte tan áspero”.

Gradualmente, los Cabrera vieron que la necesidad de cumplir con los múltiples pedidos que tenían no podía ser abastecida por una impresora 3D. Por eso, de a poco fueron comprando otras unidades, y actualmente, en un taller armado en el fondo de la inmobiliaria, trabajan sin pausa siete impresoras.

El cura de la mano de color negro

eEntre los numerosos casos que tanto Gerónimo como su padre más recuerdan hay algunos muy especiales, como el de un cura franciscano de Corrientes, a quien le diseñaron una mano de color negro, ya que pese a ser hincha de Boca consideró que darle la comunión a los fieles con un color partidario no se iba a ver bien.

Señalan que “tuvimos un chico que ahora puede subirse y andar en triciclo, otro que juega al metegol, y un muchacho que trabaja en un club puede barrer y tomar mate, algo que antes le era imposible. También a una chica que juega al hockey en San Lorenzo y le hicimos la mano con esos colores”.

Para Gerónimo, esta iniciativa “es muy importante para algunos chicos que antes sufrían bullying, y ahora exhiben su nueva mano orgullosos” y detalla que con estas entregas estuvimos en todo el país: Misiones, Salta, Catamarca, Chaco, Córdoba, La Pampa, Buenos Aires, y en la costa Atlántica entregamos varias manos, todavía recordamos a aquellos abuelos que se vinieron desde Misiones a buscar la prótesis para su nieto y estaban quebrados por la emoción”.

“Ayudar sin esperar una retribución”

La fabricación de manos es un fenómeno que se da en varios lugares del mundo. Al respecto, Guillermo comenta que “hay distintas formas de manejarlo, y también hay gente en Argentina que las hace y tiene otra estructura, pero nuestro objetivo es sólo ayudar a las personas que tienen esa carencia sin esperar una retribución”.

Asegura que “Te Doy una Mano Solidaria no es una fundación, ni buscamos un rédito, es un proyecto familiar, invertimos el dinero de nuestro trabajo y desarrollamos una tarea solidaria, no tiene precio ver la alegría de un chico cuando le entregás una mano con la cual puede manipular muchas cosas que antes le era imposible”. Ambos aclaran que “no pretendemos sustituir la misión de la medicina ni de las prótesis médicas, esto es un juguete que sirve de ayuda a quien no puede acceder a otra posibilidad”.

Y comentan que “lo único que le pedimos a cambio a quien recibe la mano es que haga alguna actividad solidaria por su lado, como ayudar a un comedor o donar sangre”. Hasta ahora, los Cabrera llevan entregadas 77 manos, y recuerdan que “la primera se la dimos a Olivia, una nena de Mar del Plata, a la cual nos vinculamos por un amigo arquitecto de Lucila del Mar, y luego a Miranda, de cinco años, a quien se la hicimos con los colores que ella pidió. Se la entregamos en un acto realizado en una entidad marplatense, Cuadraditos de Amor, y no podíamos creer cuando nos dieron una distinción la sala se venía abajo de los aplausos”.